A veces pensamos que para vivir de una manera más sostenible necesitamos grandes jardines, mucho espacio o cambios difíciles de implementar. Pero también podemos empezar con algo mucho más simple: un metro cuadrado.
En esta edición de La vida en verde, Heidi María Guzmán nos invita a mirar ese pequeño espacio con otros ojos y preguntarnos: ¿qué podríamos hacer con 1 m² de tierra?
En una zona como Lomas, donde convivimos con casas, parques, jardines, áreas deportivas, escuelas, centros comerciales y espacios comunitarios, encontrar una forma de acercarnos a la naturaleza puede comenzar desde casa, incluso si contamos con un espacio reducido.
Un pequeño huerto puede hacer una gran diferencia
Una de las propuestas es crear un huerto familiar utilizando el sistema Square Foot Gardening, una técnica que permite dividir un espacio pequeño en secciones para cultivar distintas especies.
La idea es sencilla: construir un cajón de madera, utilizar macetas o incluso delimitar el área con tabiques y dividirla en pequeños cuadros. En cada sección pueden sembrarse diferentes hortalizas, hierbas aromáticas y plantas medicinales.
Además de producir alimentos, este tipo de huertos también puede convertirse en una actividad familiar. Sembrar, regar, cuidar, cosechar y finalmente cocinar lo que cultivamos ayuda a acercarnos al origen de nuestros alimentos y a valorar los procesos de la naturaleza.
También es una oportunidad para aprovechar los residuos orgánicos de casa mediante composta, que después puede utilizarse para enriquecer la tierra y nutrir los cultivos.
¿Y si no tienes jardín?
No contar con tierra tampoco significa renunciar a la posibilidad de cultivar.
Otra alternativa propuesta es crear un huerto vertical utilizando botellas de PET recicladas. Con cuatro botellas de dos litros es posible construir una torre para colocar en una pared, balcón o espacio con buena luz solar.
Las botellas se conectan en forma vertical y se llenan con un sustrato ligero. En ellas pueden sembrarse especies de raíz poco profunda como fresas, lechuga, hierbabuena, albahaca, cilantro o perejil.
Este sistema permite aprovechar el espacio vertical y, al mismo tiempo, darle una segunda vida a materiales que normalmente terminarían en la basura.
Es importante considerar el peso de la torre una vez llena, asegurar correctamente el soporte y elegir plantas adecuadas. Algunas especies como tomate o pimiento no son recomendables para este tipo de estructura por la profundidad que requieren sus raíces.
Cultivar también es convivir
Más allá de producir alimentos, tener un huerto puede convertirse en una forma de conectar.
Cada integrante de la familia puede participar con una tarea: sembrar, regar, cosechar, cuidar las plantas o cocinar lo que finalmente llegue a la mesa.
Con el tiempo, algunas plantas incluso regalarán nuevas semillas y permitirán comenzar otra vez el ciclo.
Porque vivir en verde no siempre requiere transformar todo de golpe. A veces basta con mirar un pequeño espacio y preguntarnos qué podríamos hacer diferente con él.
¿Tú qué harías con 1 m²?
Por Heidi María Guzmán C.
La vida en verde