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Del caos al orden: cómo crear espacios que acompañen la vida que tienes hoy

18 de julio de 20264 vistas
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¿Imaginas abrir tu clóset y encontrar justo lo que buscas, sin mover una montaña de ropa ni preguntarte por qué sigues guardando cosas que no usas desde hace años?

Puede parecer un pequeño milagro cotidiano, pero ordenar no tiene que ver con vivir en una casa perfecta ni con acomodar todo en cajas bonitas. Ordenar también es revisar conscientemente qué cosas siguen teniendo un lugar en nuestra vida actual.

Cuando el desorden también ocupa espacio mental

Muchas veces acumulamos objetos por costumbre, nostalgia o por ese famoso “por si acaso”: la blusa que algún día nos volverá a quedar, los zapatos que quizá regresen de moda o ese pantalón que llevamos años pensando arreglar.

El problema no es solamente la falta de espacio. El desorden puede convertirse en ruido visual, estrés silencioso y una suma de pequeñas decisiones diarias: qué ponernos, dónde está aquello, qué sirve y qué ya no.

Curiosamente, cuando nuestro entorno comienza a simplificarse, también puede aparecer una sensación de mayor claridad. Menos cosas significan menos tiempo buscando, menos saturación y más facilidad para identificar qué necesitamos realmente.

Ordenar no es esconder

Existe una gran diferencia entre ordenar y simplemente mover el caos de lugar.

Guardar todo rápidamente en un cajón porque viene visita puede resolver el problema por unos minutos, pero no cambia nada. El verdadero orden requiere detenernos, revisar y decidir.

La pregunta puede ser sencilla: ¿esto lo uso?, ¿lo disfruto?, ¿me sirve hoy?

Si la respuesta es no, quizá sea momento de dejarlo ir.

Y eso no aplica únicamente al clóset. Podemos revisar libros, papeles, maquillaje, utensilios de cocina, archivos digitales e incluso esos cajones donde misteriosamente terminan cables, cargadores y objetos que nadie sabe para qué sirven.

Nuestros objetos también cuentan historias

Desprendernos de algunas cosas puede ser más difícil de lo que parece porque los objetos suelen estar ligados a recuerdos, etapas de nuestra vida o incluso expectativas que todavía no cumplimos.

Por eso, ordenar también implica cierta honestidad.

No se trata de eliminar todo lo que tenga valor sentimental, sino de preguntarnos si conservamos algo porque realmente queremos tenerlo cerca o porque sentimos culpa, nostalgia o miedo de necesitarlo algún día.

El objetivo tampoco es conseguir espacios dignos de una fotografía de revista. Se trata de construir lugares que trabajen a nuestro favor y hagan nuestra vida cotidiana más sencilla.

Tal vez una buena forma de comenzar sea elegir un espacio pequeño: un cajón, una repisa o una sección del clóset. Revisar, decidir y avanzar poco a poco.

Y al terminar, hacernos una última pregunta:

¿Las cosas que me rodean acompañan la vida que tengo hoy… o la vida que tuve, imaginé o sigo postergando?

A veces, poner orden afuera también puede ayudarnos a sentir un poco más de orden adentro.

¿Qué espacio de tu casa lleva tiempo pidiéndote una buena depuración? Cuéntanos.

Por Psic. María del Rayo Loeza
Professional Organizer

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