Por: Mariella Aguilar Corripio — @reconocerteenelotro
En los últimos meses, he acompañado a docentes y padres de familia frente a diversas situaciones dentro de las aulas. Y aunque solemos pensar que el bullying es un problema “de niños”, la realidad es que los adultos también tenemos un papel crucial en su aparición… y en su solución.
Hablar de acoso escolar es hablar de educación emocional. Los niños aprenden más de lo que observan que de lo que escuchan, y en esa observación cotidiana —en casa, en la escuela, en la comunidad— encuentran sus modelos de conducta.
El reflejo de los adultos
Muchas veces culpamos a la tecnología, la inmediatez o la pandemia por la agresividad de las nuevas generaciones. Pero pocas veces nos detenemos a pensar en lo que ellos aprenden de nosotros.
¿Cómo tratamos a las personas que nos rodean? ¿Cómo hablamos frente a ellos sobre otros vecinos, compañeros o trabajadores del día a día?
El ejemplo arrastra. Si un niño ve respeto, empatía y agradecimiento, lo replicará. Si ve juicios, burlas o indiferencia, también lo aprenderá.
Educar con el ejemplo es la base para prevenir el bullying desde el hogar.
No se trata de vivir en un mundo perfecto
No se trata de que todos pensemos igual o que nunca existan conflictos. Se trata de que el respeto sea la base de toda relación humana.
Podemos tener diferencias, desacuerdos o incluso antipatías, pero debemos mantener siempre el respeto por la otra persona como ser humano.
Educar en la empatía no solo transforma a los niños, también nos transforma a nosotros como adultos.
Un reto compartido
El cambio empieza en casa, en la escuela y en la comunidad.
Reconocer en el otro su humanidad es el primer paso para erradicar la violencia y construir espacios donde cada niño, adolescente y adulto pueda sentirse seguro y escuchado.
📣 ¿Te sumas al reto?